viernes, 10 de septiembre de 2010

Momentos De Poesia Vol.15 y Un Cuento.


Detestame  (Jose Reyes)

Detéstame por mi cercanía
A tu piel
Detéstame tanto o mas
A como detestas la cebolla
O simplemente detéstame
Por mi adicción a la cafeína
O por mi apego a ser noctámbulo,
Detéstame con voluntad propia
Por robarte minutos de sueños,
Detéstame agriamente
Como lo haces con las cucarachas
O con los ratones que no son caricaturas
Detéstame por ser un “pelaito guanaco”
Por no respetar a tus santos y vírgenes
Por esperar tus llamadas
Con la algarabía de un año nuevo,
Destétame por robarte besos
Con tu propia voluntad
Por confundirte en tu propia confusión,
Detéstame integralmente
Como detestas los partidos de futbol
Detéstame una y otra vez
Como rompes con tus temores
Pero por amor a tus santos
Detéstame después de decir que me quieres.


jOSE rEYES





Poeta nacido en El Salvador, ex-estudiante de la Universidad Tecnologica de este país, actualmente radica en la ciudad de New York Estados Unidos, su poesia, la mayor parte de su obra es inédita.

 
 
 
 
 
 
Pense Que Volverías _Fábula (Romeo Molina)
El tiempo pasa a dejarme ramas con nidos,
en ellos las estrellas son pájaros,
y las avispas olvido de un día.

La ciudad me destila tormentas
y en la sastrerias del patio
los grillos tejen alas al viento.

Una rata cuenta sus monedas
con el ruido de un gato que hace el amor sobre las tejas.

Pensé que volverías
Y espantaríamos juntos a ese caracol ceniciento
que me canta soledades con guitarra.

Pense que volverias
y cortariamos cerezas de la luna
a recoger conmigo los olores de la lluvia
a remendar los ríos de una lágrima
y a espantar al zorro
que aulla en nuestro libro.

Pensé que volverías
y le quitariamos la embriaguez al espacio vacío
que existe en la risa de los cuartos.

Pensé que volverías
a pintar conmigo las letras deshojadas del camino
a dibujar el vuelo de la golondrina
y a robarnos el azul del cielo
para coserle un par de zapatos al traspatio.

Pense que volverias
y sanaria con tus labios mi locura.


El Coyote Del  Diablo (Romeo Molina)

Diciembre había llegado con sus recuerdos y las calles se vestían de colores abriendo puertas a los carnavales…
Todos los días al caer la tarde, Manuel, Carlos y José, se reunían en la esquina de uno de los portales de la ciudad de Chalatenango para hablar de las cosas que habían vivido durante la guerra.

En la memoria de José, estaba el recuerdo de un suceso diabólico que él presenció durante el conflicto armado y que jamás había podido olvidar.

Todo empezó algunos años atrás…

Era José una persona humilde, había vivido toda su vida en las afueras del pueblo pastando el ganado y cuidando caballos, también cultivaba la tierra y se mantenía alejado de las ciudades para evitar ser reclutado.
Por años lo había logrado, hasta que una mañana de mayo de 1986, todo cambió para él, mientras regresaba a casa después de ordeñar las vacas, un grupo de soldados  que hacian un reten lo detuvieron...
_Este baboso yastá gueno pá ser soldado _Dijo un sargento.
Lo sujetaron por la fuerza y lo subieron a uno de los camiones, José suplicaba que lo soltaran.
_Dejenme ír, mis tatas yastan viejos y solo me tienen a mí.
El sargento le pegó una pechada y un culatazo con el fusíl…
_No sea culero hijueputa, aquí le vamos enseñar a ser hombre, cabrón.
_Amarren bien a la mariquita_Se burló un soldado.
_Si llora culerito, le voy a meter mi bota y mi pie izquierdo en el culo, semejante hijuesesentaputas _Le amenazó el sargento.

Tres meses lo entrenaron en el cuartel del Paraíso en el mismo Chalatenango, allí se encontró con Macario Lopez y Lito Cuevas, amigos de infancia y quienes habían sido reclutados dos meses antes que él.

Cuando cumplieron con el período requerido por el cuartel militar, fueron enviados a cuidar la presa del Cerrón Grande
_A encaramarse al camión, reclutillas maricas_Les ordenó un oficial.
Se subieron al vehículo y se acomodaron en una esquina, con el fusíl, la mochila y el alma entre las piernas.
_Hoy nos vamos artar puras tilapias frescas camarada _Dijo Lito.
_Eso si es verdad, dicen que ahí hay tremendos pescadotes _Respondio Macario.
José parecía no escucharlos, estaba como ausente, quizás sentía miedo o quizás nostalgia por haber dejado a su familia, extrañaba sus viejos, sus vacas y sus caballos.
En horas de la tarde llegaron a la presa, ahí fueron recibidos por una mancha de mosquitos hambrientos que se lanzaron sobre ellos sedientos de sangre nueva.
Sacaron de sus bolsillos los arrugados cigarros y los prendieron para ahuyentar a los desesperantes insectos.

Durante la noche pescaron algunas mojarras y las cocinaron a fuego lento y después de comer se atrincheraron en puestos estratégicos.
La Fresquera, uno de los soldados con más tiempo en la presa se acercó a ellos y les dijo susurrante…
_Tengan los ojos bien pelados, que aquí, hasta los más machos se ahuevan.
_ ¿Por qué? ¿Por los guerrilleros? _Pregunto José.
_ Los guerrilleros nos atacan casi todas las noches, pero lo que da miedo, no son los tiros de esos hijos de putas, son las apariciones del mismo Diablo.
_¿Acaso aquí asustan?_Interrumpió Macario.
_Más que eso camarada, aquí se te aparece el cachudo en persona, el merito Lucifer pues.
_iSanta Virgen de Guadalupe!

Antes de caer la medianoche, un grupo de subversivos los atacó por el lado norte del río, ellos repelieron el ataque desde sus barricadas. De repente, los guerrilleros dejaron de disparar y se alejaron corriendo y gritando como locos.
_A ésos ya se les apareció el diablo _Dijeron.
Durante treinta días estuvieron defendiendo la presa, la guerrilla atacaba y siempre terminaba corriendo en retirada río abajo.

A finales del mes, el sargento Gomez reunió a la tropa y les dijo:
_Debido a que nos han causado algunas bajas, no a todos les daremos licencia, deben comprender que el descanso sera sorteado.

José salió favorecido y con su mochila al hombro se fué a ver a su familia, sin embargo, Lito y Macario se tuvieron que quedar mientras llegaban los refuerzos, tres días pasaron cuando otro pelotón de reclutas llegó a la presa y el sargento les dió licencia a los que esperaban.

Una tarde, dos días despues mientras compartían los tres en un bar de la ciudad, un soldado que había salído con ellos llegó corriendo.
_Prendan el radio _Les dijo.
_¿Que pasa con vos camarada? ¿Por qué quieres que encendamos el radio?
_Que lo enciendan cabrones…
Se les fue el alma cuando escucharon las noticias…

“Más de quinientos guerrilleros han atacado la presa del Cerrón Grande, las tropas del ejército no han podido contener el brutal ataque. Se dice que las fuerzas subversivas han masacrado a la tropa y se han tomado la base.”

_¡ Dios mío! De la que nos salvamos _Exclamó José.
Según las noticias, los soldados que sobrevivieron al ataque habían sido ajusticiados por un comandante de la guerrilla apodado el Perro.
Un boletín del ejército fue recibido de inmediato por ellos, El Cuartel del Paraiso cancelaba todas las licencias y pedía a los soldados que se incorporaran al servicio.

Cuando llegaron a la presa todo estaba destruído, al soldado La Fresquera lo sepultaron cerca de las letrinas, era dificil trasladarlo en las condiciones que lo dejaron, estaba despedazado y le faltaba la mitad de la cabeza.

Al llegar la noche, José y Macario fueron enviados a la trinchera más cercana al río, José estaba muy nervioso y sin pensar encendió un cigarrillo.
_Apague esa mierda camarada, que nos van a volar los sesos_Le regañó Macario.
Apagó rapidamente el cigarro y ajustaron sus fusiles, mientras una densa oscuridad se acercaba cubriendo el lugar y formando siluetas entre los árboles.
_Aguánteme tantito que voy pal baño a cagar_Pidio Macario dejando a los pies de su compañero el arma.
Se escuchó un grito desgarrador desde las letrinas, a José se le erizó el cuerpo y corrió a buscarlo,  encontró  a su compañero con los pantalones abajo y corriendo hacia él.
_¿Qué le pasa compañero?
_Lo vi...lo vi ...
_¿A quién vio camarada?
_Vi a la Fresquera, lo vi, estaba cubierto de sangre y le faltaba la mitad de la cabeza, asi como  cuando lo enterramos.
Macario temblaba, no podía levantar su fusil, respiraba agitado y trataba de tomar un poco de agua de la cantinflora que llevaba en la cintura.
_A éste el desvelo lo tiene así_Murmuró José en sus adentros.
Lo tomó del brazo y lo recostó en la trinchera, un ruido proveniente de las letrinas le hizo voltear, soltó a su amigo y se acercó sigilosamente. Alguien estaba fumando en uno de los servicios pero  al asomar la cabeza por poco se orina del susto.
Un soldado con media cabeza estaba sentado en el inodoro con un cigarrillo en la mano, al ver tal aparición salio corriendo como loco hasta la trinchera.
_¿Se le apareció a usted también?¿Lo vio camarada?
_Sí,  también lo vi, si, lo vi, encomendemonos a Dios, ore conmigo Macario…Padre nuestro que estas en las alturas no nos dejes caer en tentación …_Rezaron.

Durante las noches siguientes, los soldados que hacían la guardia se toparon con soldados decapitados, se decía que estaban penando por culpa de ese comandante guerrillero que les cortó la cabeza a machete limpio y sin piedad.
Una noche  se atrincheraron, los guerrilleros habían cruzado el río y trataban otra vez de tomarse la presa, todos esperaban el ataque, pero antes de hacer el primer disparo, alguien gritó:
_Miren allá en el río, ahí esta …Es El Coyote del Diablo.
A la orilla del río un enorme animal se paseaba de un lado a otro, parecía estar buscando comida, atrás de él un pelotón de soldados deambulaba en circulos.
_ ¡Santo Dios! Esos son nuestros compañeros que andan penando_Dijo Lito.

El  sargento Perez agarró su fusíl y le apuntó al animal, pero no pudo disparar, el arma se le encasquilló como a todos los que intentaron tirarle.

La noche se fue despidiendo lentamente arrastrando sombras, al amanecer había niebla sobre la presa y el frío saltaba los puestos de guardia sin misericordia, a la hora del rancho todos comentaban los acontecimientos ocurridos durante la noche.
_¿Vieron todos a ese animal?_ Preguntó el sargento.
_Ése nues animal, esés el merito Lúcifer convertido en coyote_Conestó un recluta.

Ésa fue la única noche en que la guerrilla no les atacó, pero al día siguiente aprovechando la neblina los guerrilleros pudieron llegar mas cerca de la base militar y esperaron escondidos atrás de los matorrales y las piedras. El sol se había pasado al bando de los insurgentes, no alumbró la presa en todo el día y la noche llegó más negra que antes.

A las 8:35 pm los soldados fueron atacados por los cuatro lados, el traqueteo de las ametralladoras y fusíles era ensordecedor, era imposible decifrar el ataque.
A media noche hubo silencio, los fusiles callaron por unos minutos dejando un olor a pólvora esparcido en el aire.
_Esten agujas sobre esos hijos de puta _Gritaban desde alguna trinchera.
Cuando estaban a punto de reanudar el enfrentamiento, un enorme coyote negro apareció saltando las trincheras de los soldados.
_Maten a ese animal _Ordenó el sargento.
Esta vez todo el que intentaba matarlo terminaba corriendo como loco hacia el río, tenía el animal unos enormes y filosos colmillos, sus ojos resplandecían como fuego y nadie lo pudo parar.
El tiroteo se reanudo y luego fue bajando poco a poco, las bajas sufridas por parte del ejército fueron minímas, al amanecer con la luz de la mañana revisaron la zona de combate, encontraron dieciseis guerrilleros con el cuello despedazado flotando sobre el agua.

Despues de aquel siniestro día, el animal estuvo ausente y los guerrilleros tenían temor de cruzar el río.
Dos semanas despues, un sabado al mediodía, un habitante del valle más cercano llegó a la base y le informó al sargento Perez sobre la presencia de más insurgentes.
_Yo vi cinco camiones repletos de guerrilleros, vienen del otro lado de Chalatenango, también les escuché decir, que se van a tomar otra vez la presa_Le dijo.
El sargento le dio provisiones para su familia y le agradeció la información, luego mandó cuadrillas de soldados a internarse entre la maleza para esperar y emboscar al enemigo.

Al terminar la tarde empezó otra vez el tiroteo, sin embargo la guerrilla no atacaba a los militares, a lo lejos se les veía correr y tirarse a las aguas profundas del río. luego reinó un macabro silencio.
Por mas de diez minutos nadie se movió, miraban a todos lados sin entender nada hasta que el silencio se quebró en las trincheras del frente, los soldados disparaban a lo loco y saltaban corriendo hacia el agua, entre ellos Macario y Lito.
José, el sargento Perez y otros les dieron alcance antes de que se lanzaran a lo profundo de la presa, evitando así que se ahogaran. Durante la noche tuvieron que ser amarrados para controlarlos, se pasaron las horas gritando y diciendo incoherencias.

A primera hora del siguiente día, un helicóptero de combate llegó por ellos y se los llevaron al hospital militar, ahí los médicos los declararon trastornados y los trasladaron a un centro para enfermos mentales.

Un sacerdote del pueblo La Reina,  al enterarse  de los sucedido  llegó a la presa para hacerle un exorcismo y otros rituales religiosos,  intentando asi de alejar  al diablo de ese maldito lugar.
Abajo de la base militar encontraron una cueva cubierta de azufre y fuego, el sacerdote dijo que esa puerta conectaba a la presa con el infierno.
_Vamos a sellarlo todo_Dijo.
Dejó caer en su interior una enorme cruz de plata ungida con agua bendita, la cueva se selló provocando un enorme terremoto que destruyó las trincheras militares,  obligando a los soldados a abandonar la base.

Hoy en día, la presa es una zona desierta, aún funciona, pero ya nadie se atreve a entrar a ese lugar, porque donde murieron tantos reclutas rondan legiones de fantasmas.

José y el sargento Perez, visitan cada mes a sus compañeros en el hospital, ellos en su locura les miran llegar y parece que se alegran, sin embargo ya no saben quienes son ni como se llaman.

Ellos… Están peleados con la realidad y sus fusíles estan apuntando a una locura sin tiempo que les ametralla sin piedad la razón.
Algunos dicen que la presa sigue custodiada por un pelotón de soldados en pena y a pesar que hace muchos años terminó la guerra, algunos aún siguen combatiendo con esos fantasmas, que de pronto y sin aviso alguno… cobran vida en sus memorias…


Este cuento ha sido tomado de Las 9 Campanadas Del Diablo escrito por Romeo Molina. es un relato real.

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